Artículo de opinión.

 

 

EFECTOS DE LA GLOBALIZACIÓN EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR .

 

Ing. Rosalia Grados Zamorano.

 

De acuerdo a las tendencias de la educación, encontramos que las nuevas formas de producción y transmisión del conocimiento parecen estar imponiendo cambios sustantivos a las universidades y al trabajo académico.

 

Este último cuarto de siglo ha estado marcado por constantes descubrimientos y progresos científicos; sin embargo, en el plano económico y social los avances no han sido significativos; el aumento del desempleo y los fenómenos de exclusión, las desigualdades, la degradación del ambiente natural, los valores cívicos y el respeto a la condición humana, son aspectos que parecen no ser relevantes en la formación de las nuevas generaciones.

Existe hoy en día un escenario mundial donde, lo deseemos o no, la interdependencia global impuesta por la apertura de las fronteras económicas y financieras bajo la presión de las teorías librecambistas y fortalecida con la instrumentalización de nuevas tecnologías de información en los planos económico, científico, cultural y político, han llevado a una globalización de las relaciones internacionales que encierra promesas, pero que ha transformado al mundo en algo difícil de descifrar y todavía más aún de predecir, donde hay un clima de incertidumbre.

Se ha generado a nivel mundial una sociedad dual, cada vez más desigual entre las naciones y al interior de éstas. La universidad contemporánea debe reconocer y actuar en consecuencia con la diversificación de las sociedades en el mundo. Debe analizar la diversidad cada vez más multicultural; las características de la masificación; las estructuras de comunicación e información; la incorporación de tecnologías en la vida cotidiana; la reducción de la distancia entre lo público y lo privado; el acceso de los ciudadanos a formas distintas de búsqueda del conocimiento; las nuevas dimensiones del trabajo basadas en la capacidad de iniciativa personal y colectiva, y la corresponsabilidad de las decisiones; la interdisciplinariedad de los puestos de trabajo; la movilidad permanente de los perfiles profesionales; la movilidad geográfica y cultural, y la sociedad actual, que se mueve por la incertidumbre y la complejidad.

De acuerdo a las tendencias de la educación, encontramos que las nuevas formas de producción y transmisión del conocimiento parecen estar imponiendo cambios sustantivos a las universidades y al trabajo académico. Dichos cambios implican la modificación de la naturaleza, contenido y organización del trabajo que en ellas se desarrolla, estableciéndose una influencia externa que antes estaba en manos de las instituciones y los académicos. Además supone la operación de nuevas formas de medir su eficiencia.

Para Ibarra (2005), las pautas de la transformación de las universidades en los países del mundo desarrollado se debe a factores como la globalización de los mercados, la modernización de los sistemas productivos y la reforma de las organizaciones empresariales, e invita a reflexionar sobre la transformación universitaria en México, a fin de interpretar su sentido y entender su orientación.

La idea en el sentido amplio de la función de la universidad, ya sea pública o privada, debería centrase en cómo establecer las condiciones para enfrentar los grandes retos sociales actuales, como son: el cambio socioeconómico, la eliminación de la pobreza, la protección del medio ambiente y el respeto a los derechos humanos universales; reconocerlos desde un punto de vista nacional, profundamente social y basado en valores éticos del humanismo, arraigado en representaciones culturales que nos brinden identidad y nos permitan participar, con una nueva perspectiva, en la construcción de un mundo mejor.

La crisis institucional puede evitarse impidiendo que la universidad se transforme en un servicio al que se tiene acceso por la vía del consumo y no de la ciudadanía. En este marco, la universidad debería convertirse en algo nacional, en productora de equidad y no en reproductora de desigualdad, y en lo internacional, lograr el estado del arte en sus disciplinas mediante una reinserción no dependiente, en contextos de producción y distribución del conocimiento, cada vez más polarizados y contradictorios.

En conclusión, todas las universidades, sean públicas o privadas, deberían compartir una clara vocación de servicio público y hacia la sociedad. El Estado debe velar para que esto ocurra, con el fin de impedir que existan las universidades “de servicio privado”, no privadas o las que carecen de calidad, como ocurre en especial en los países en desarrollo. Podemos decir que la autonomía de la universidad no puede eludir su compromiso social y, por tanto, la obligación de rendir cuentas a la sociedad.

Fuentes de información:

Ibarra E., Montaño L (1992) mito y poder en las organizaciones, un análisis critico de la teoría de la organización. México: Editorial Trillas.

Ibarra E., (2005) Origen de la empresalizaciòn de la Universidad: El pasado de la gestión de los negocios en el presente manejo de la universidad, Revista de Educación superior XXXIV (134); 13-37 Abril – Junio de 2005

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