Publicado en Educación

Artículo de opinión.

 

Formación ética y social para universitarios, una necesidad en la educación superior en México

 

Mtro. Israel Pérez Valencia

 

La vida moderna, basada en el individualismo a nivel profesional requiere la recuperación de la ética y los valores sociales en la educación superior.
 
 

Sin duda, son muchos los problemas que aquejan a la educación superior en México. Sería cuestión de varias tesis el explicar la naturaleza de cada uno de ellos y la relación que tienen entre sí.

Sin embargo, uno de los que pueden tener mayores repercusiones a futuro es la falta de una efectiva formación ético-social en los estudiantes de educación superior. Resulta indispensable revisar cuál ha sido el papel de la universidad ante un mundo que ofrece un panorama donde aspectos como la ética y los valores universales no tienen cabida.

Antecedentes de la educación superior en México

A principios de los años setenta, México sufrió una transformación en lo que a la educación se refiere. El aumento de la matrícula estudiantil hizo que los presupuestos gubernamentales resultaran insuficientes, y si a eso se le agrega la falta de voluntad política por parte del Gobierno, el problema se agudizó.

En los ochenta, ante la grave crisis económica, el Gobierno dio comienzo a una política de apertura de fronteras, así llegaron a México grandes inversiones y numerosos complejos industriales de diversas partes del mundo. Sin embargo, el país no pudo superar los niveles de pobreza, marginación y la falta de desarrollo.

Nuevos paradigmas en la educación superior en México.

 Este panorama tan complicado tenía que impactar en la educación superior, las políticas gubernamentales reorientaron la planeación curricular junto con los representantes del sector productivo, comenzaron a surgir nuevas opciones educativas y la creación de escuelas tecnológicas. El cambio de paradigmas también cambió la concepción del mundo del estudiante universitario, que hizo a un lado el concepto de “la carrera para toda la vida” y los ideales políticos de cambio surgidos en los años sesenta, incorporando nuevas palabras a su lenguaje profesional, como son utilidad, pragmatismo, rentabilidad, eficacia, competencia, consumo y domesticación.

Manuel Pérez Rocha, quien fuera el primer rector de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), consideraba, desde principios del año 2000, que resultaba fundamental quitarle a la educación esa “valorización” basada únicamente en los intereses mercantiles, como se plantea en los organismos internacionales y argumentaba que “El individualismo prevalece sobre el bien común, y la norma de vida es para obtener el beneficio inmediato, personal, de un título que lo ayude a ser productivo sólo para sí mismo ¿Y los valores sociales?”

 

 La ética, una carencia profesional en los universitarios.

 La falta de una formación ética y social en el estudiante universitario es una cuestión a la que hay que ponerle especial atención. Las funciones de la universidad son, entre otras, la docencia, investigación y la extensión, además de la difusión de la cultura, manifestadas en la misión de cada una de las instituciones. Sin embargo, la vida moderna ha hecho a un lado esas premisas básicas, reduciendo aspectos como la ética y los valores a un par de materias en los programas escolares, que el estudiante considera “de relleno”; o a través de un “servicio social”, que el universitario puede liberar archivando papeles en la oficina de una empresa.

¿Y la sociedad? Pablo Latapí planteaba que si siempre se ha esperado de las universidades una función educativa en el orden de los valores -que hoy, elegantemente, se denomina conciencia crítica-, también debería exigirse de sus estudiantes, docentes, investigadores y administradores, actitudes coherentes con esta función.

 El docente es un transmisor de conocimientos y formador de personas.

 

Para que esto sea posible, se requieren dos condiciones: que el docente se convenza de que su misión no es únicamente ser un facilitador del conocimiento, sino también un formador; y la segunda es que el docente se prepare en esos ámbitos de la formación integral del universitario, pues no basta “informar” a la inteligencia, es preciso también “formar” la voluntad de los estudiantes. Puede resultar contraproducente para la formación del universitario el brindarle conocimientos “de avanzada” sin hacerlo reflexionar de las implicaciones que tiene el conocer esa información, es decir no hacerlo consciente de la responsabilidad que adquiere con ese conocimiento.

¿Cómo impulsar este reto de recuperar las bases éticas y sociales en las universidades?

 

Hay que partir de cuatro puntos:

  1. Devolver al servicio social la dignidad para lo que fue creado, que el estudiante emplee sus conocimientos donde más se necesiten.
  2. El servicio social debe estar contemplado en los procesos de renovación de conocimientos que cada egresado debe hacer para refrendar y conservar el título universitario.
  3. Incluir las implicaciones éticas y sociales que tiene cada asignatura en los programas de estudio.
  4. Agregar en el currículo de las escuelas tecnológicas la formación ética y social, es precisamente en esas áreas de conocimiento donde se es más susceptible a la automatización.

La formación integral de los universitarios asegura en el futuro líderes con bases morales sólidas y mejor preparados para la toma de decisiones que harán en el futuro. De ahí la urgencia de poner la atención necesaria.

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Autor:

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2 comentarios sobre “Artículo de opinión.

  1. ¡¡¡Excelente artículo, muchas felicidades!!! Debemos recuperar en la educación los valores como la solidaridad, la empatía y el apoyo mutuo. En la actualidad, en las aulas se carece de formación y verdadera educación, la modernidad se concreta a una deficiente transmisión de información y escueta instrucción, haciendo hincapié en los famosos “desafíos” de la época que gira al rededor de la Competencia, que por desgracia ha traído consigo consecuencias como el Individualismo, la falta de empatía, el utilitarismo, etc. Vicios de la modernidad que a todos nos han alcanzado y nos han convertido en seres indiferentes. Y es la INDIFERENCIA SOCIAL el cáncer que nos carcome y consume.
    ¡¡¡Luchar contra la indiferencia, hace la diferencia!!! Saludos.

  2. !Excelente propuesta maestro!
    Creo además fundamental que la labor es de toda una sociedad formada por maestros, directivos, padres de familia, estudiantes y el resto de la sociedad. Esa congruencia o coherencia de la que hablas debe existir en todos los ámbitos en que se desenvuelve el estudiante,en que que la formación de valores, actitudes, habilidades y sobre todo responsabilidad social debe comenzar desde la educación preescolar hasta el nivel superior para formar ciudadanos que actúen en pro de su sociedad y no basados en individualismos y una existencia vacía.
    Pienso que una sociedad que se preocupa por el bien común a través de los buenos valores de sus individuos se convierte en un país productivo e íntegro.
    ¡Felicidades, muy buenos artículos!

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