Publicado en Cultura.

Día Internacional de la Mujer

¿Quiénes son TUS mujeres?

Ma. Fernanda Díaz Hernández

Estudiante de Ciencias de la Comunicación

UVM Campus Querétaro

Todos los días son importantes. Sin saberlo, en el mundo se forman alianzas, se acaban guerras, se encuentran curas para enfermedades, pasan tantos acontecimientos que es imposible que una sola persona esté consciente de ellos; pero hay días, días como hoy que se convierten en días imprescindibles para hacer un llamado a la reflexión, para recordar gracias a quién y a qué estamos aquí; el mundo gira y no se detiene.

Hoy es el Día Internacional de la Mujer y pocos saben o son capaces de imaginar que hay un día dedicado a éste género, el mío, del cuál confieso me siento plenamente orgullosa, pues pienso, como muchas otras mujeres, que nuestra razón de ser es igualmente importante que la de los hombres, sin embargo, es necesario despertar y aceptar que existe aún un largo trecho que recorrer para hacer posible que esto no sea solo un pensamiento sino un hecho.

Es importante que un día como hoy no se quede en una celebración de un día, sino que a diario puedas valorar, si eres hombre, a las mujeres y si eres mujer tu existencia y la capacidad que tienes para superarte.  Porque es verdad: la falta de igualdad, la marginación y la violencia (ya sea física o psicológica) en la mujer son retos que no solo le conciernen al gobierno contrarrestar,  es tarea también de la sociedad. Empezar en casa o en tu propio círculo de amigos es una manera de  luchar contra el índice de mujeres que sufren lesiones.

El hecho de hacernos conscientes de que siete de cada diez mujeres sufren o han sufrido algún tipo de violencia es una manera de ver y hacernos responsables por esta realidad que nos concierne a todos, seas hombre o mujer, es tiempo de cambiarla. Porque si no es hoy ¿cuántos feminicidios más serán necesarios para  causar la suficiente impotencia y hacer algo al respecto? ¿Cuántas niñas tendrán que soportar vivir si una infancia y ser víctimas de tratas? Antes de que el grito ahogado de todos sea un grito que rasgue nuestra garganta y tomemos cartas al asunto.

Dime entonces ¿ Cuántas veces permitirás que un trabajo sea pagado por debajo de lo que debe ser, por ser mujer?, estás dispuesta o dispuesto a cruzarte de brazos, dejar que el tiempo pase, que la sociedad no evolucione y continúe siendo una sociedad machista y retrograda, incapaz de reconocer el papel de la mujer en nuestras vidas. Tal vez suene a discurso feminista pero en realidad es una denuncia social.

¿Hasta cuándo? Dime por favor, por que el tiempo corre y a México aún le queda mucho que aprender y si no empiezas por ti mismo/misma, esto será  un disco rayado repitiéndose en una grabadora que ya no existe.

Empieza  por reconocer a las mujeres que te rodean y la importancia que significa su existencia en la tuya.

Por mi parte hoy he decido hablar de las mujeres que marcaron mi vida, escabullirme brevemente en sus historias y tal vez así lograr que tú también pienses en las de tu vida, no por mera nostalgia ni mucho menos para que esta reflexión se quede estancada en palabras y no en acciones. También porque es mi deseo el celebrar este día con buenas noticias y no malas.

Aún recuerdo la primera vez que estuve de cara a la violencia, su nombre era Cristina, yo tenía doce años y ella trece. Mamá me había avisado antes de entrar a casa que teníamos visitas, que lo mejor que podía hacer era tratarlos como si fueran mis amigos de toda la vida, me explicó que sus papás habían peleado y ella se había ofrecido a cuidar a los niños. Todo esto suena normal, pero no lo fue cuando al subir las escaleras, curiosa de ver con quien me toparía, descubrí tres caritas asustadas y una mas con un gesto de madurez en su rostro, ella era Cristina. La saludé con un beso en la mejilla y se sonrojó al notar con la naturalidad con la que los intentaba hacer reír y les ofrecía poner el canal de caricaturas.

Pero no respondían, no decían nada, solo miraban a su hermana mayor, como preguntando si podían hablar. Cristina era seria, noté que algo más  le había pasado, le pedí que me acompañara abajo para servirles agua de sandía a sus hermanos, sin responder me siguió a la cocina. Una vez abajo, alejadas de sus hermanos, busque su mirada y le pregunté que es lo que pasaba, sonreí y le expliqué que podía confiar en mi.

La historia de Cristina es la de una mujer de trece años que había tenido el valor y la fuerza para correr a pedir ayuda cuando su padre golpeaba sin cesar el rostro de su madre con un tabique, denunciar este acto e ir en contra ala voluntad de su madre que por años permitió este tipo de maltrato por miedo a perder a sus hijos, es el motivo por el que Cristina es una de las mujeres de mi vida, pues a los doce años comprendí lo afortunada que era al tener un padre comprensivo muy lejos de ser alguien que me prohibiera ser quien soy, lo afortunada que era al tener una familia lejos de esta violencia.

Cristina es una razón más para crear conciencia en este Mexico machista para comenzar a hacer un cambio.

A los quince tuve la oportunidad de conocer a una mujer  que había sido adoptada por dos personas que la amaban, Jessica es hija de una mujer que no sabe que hoy ella esta en Egipto estudiando, esta mujer vive en un pueblo en Veracruz y la última vez que vio a su hija fue cuando dio a luz y se la entrego en los brazos de quien hoy funge el papel de madre. Ella hizo esto después de   no tener el valor para enfrentar a sus padres, pues como es muy común en nuestro país, quedar embarazada a temprana edad, sin estar casada puede ser producto de discriminación incluso negación por parte de la familia avergonzada por lo que su hija ha  hecho sin dejar que al menos se explique, lo que hizo esta mujer fue alejarse de su pueblo mucho antes que la familia se enterara y tener la suerte de llegar a trabajar a una casa que ansiaba tener una hija.

Cada vez que me topó con la mirada de Jessica me doy cuenta de lo que un país inmaduro puede ocasionar en sus hijos mexicanos, el hecho de que las mujeres no tengan acceso a información para prevenir embarazos o incluso sean víctimas de violación, es el motivo por el cuál muchas mujeres sufren este tipo de experiencias.

Jessica es también mujer de mi vida por que me enseñó a valorar a la familia y la importancia de tener en casa alguien que te apoye y te ame.

Martha es mi abuela materna, mi ejemplo a seguir. Mujer que ama y exige, mujer que no se guarda palabras. A pesar de haber crecido en un pueblo alejado de la ciudad y por ende crecer entre personas que no entendían las ideas liberales de ella, siempre salió adelante, jamás se dejó vencer y continúa peleando por lo que ama: su familia.

A los cuarenta años, con tres hijos y casada con un hombre que había sido criado con la mentalidad de que el hombre era el que mantenía a la familia, peleó contra argumentos y reglas establecidas por la sociedad, para trabajar como secretaria en una universidad. Mi abuelo nunca le perdonó esto pero lo que más le recriminó fue el haberle pedido el divorcio, en un época donde siquiera pronunciar esa palabra ya era señal de herejía.

Mi abuela siempre buscaba su libertad y velaba por su felicidad, pues a pesar de su fortaleza sufrió el maltrato de un esposo machista al igual que muchas mujeres en nuestro país, donde la simple idea de que una mujer trabajase era señal de que el hombre no era lo suficientemente hombre. Mi abuela fue excomulgada por la iglesia por haber exigido la separación de su pareja, pero esto no la detuvo, ella continúo peleando y después de veinte años de trabajo se jubiló y es autodependiente.

Por las mañanas va a clases de yoga unos días, a veces elige la natación, conoce cada calle de la ciudad y se mueve como si tuviera 40 años, es bromista, fuerte y aún sueña. Hoy a sus 75 años es la mujer que no se dejó vencer por lo que la gente e incluso la religión dijera. Ella, mujer de mi vida,  me enseñó precisamente a no callarme y a pelear por lo que a mi me haga grande y no lo que la sociedad piensa que deba ser.

Teresita del Niño Jesús Hernández Maceda es el nombre que gritaba completo cuando en el supermercado me perdía por estar jugando con mi hermano, es el nombre de la mujer que me dio la vida. La gente la llama por un diminutivo para ahorrarse el nombre de calendario y le dicen Teté.

Mi madre es una mujer igualmente fuerte  como su madre, la admiro por su lucha constante en la pelea contra la desigualdad y la marginación de las mujeres, la amo, por que ella es quien me enseñó a tratar a todos como iguales, a ver por los demás, a escuchar, a ayudar , a pelear por nuestros ideales. A no callar ni dejarse callar. Es una mujer con principios, algo que siempre le ha acarreado problemas en un país donde una mujer con voz es una amenaza.

Mi madre ,”la del nombre chiquito”, es la mujer que cree en las mujeres de México y que peleara como lleva haciéndolo toda su vida, por lograr que todas cuenten con los mismos derechos y oportunidades.

Lee con atención que hoy es el día para recordar que ellas, nosotras, vamos en busca de la igualdad, de un país mejor, donde ser mujer no sea un obstáculo sino una oportunidad para ser algo más que un ama de casa, sumisa y sin voz propia.

No olvidar mañana que el día haya acabado, que esto es un reto tan tuyo como mío.

Mujeres hay muchas, mujeres que escriben, que hablan, que cosechan, que educan. Mujeres fuertes, que aman, que sienten, que luchan. Mujeres que mueven a este mundo, mujeres que giran con él, mujeres y más mujeres sin la intención de detenerse. Sí, hay muchas.

Pero, ¿Quienes son TUS mujeres? ¿Las respetas y valoras?

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Autor:

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