SER O PARECER: LA IMAGEN PÚBLICA.

Alejandra López Jaramillo

Decir que la imagen pública infiere poder es completamente cierto desde cualquier punto de vista, ya que el ser humano no puede hacer caso omiso a lo que está sintiendo desde sus diferentes niveles sensoriales y perceptuales, que influyen en gran medida sobre nuestras decisiones.

Al elegir pareja, un producto, un lugar donde comer, el canal de televisión, las marcas que compramos etcétera, lo hacemos de manera inconsciente, pues casi nunca –o nunca– nos detenemos a conocer la verdadera razón de nuestra elección. Nuestros sentidos van más allá de nosotros mismos, sin duda, reina la emoción sobre la razón.

El aspecto físico, personal, la elección del vestuario, entre otros, representan un modo de comunicarse; por lo tanto, nuestra imagen personal transmite un mensaje. No hay que perder de vista que, hoy en día, la imagen es una de las mejores herramientas que se poseen para el progreso y la proyección a nivel personal, social y hasta laboral. De acuerdo al Dr. Albert Mehrabian, sociolingüista, la eficiencia en la comunicación del mensaje depende de la interacción que tengan los estímulos verbales y los no verbales, divididos de la siguiente manera: 55% a la imagen física, 38% al medio y sólo el 7% al mensaje; así que su aún no tomamos en cuenta que en ocasiones se dice más sin palabras, estaremos comprometiendo nuestra credibilidad a través de lo que hacemos.

Así pues, la imagen pública está directamente relacionada con áreas importantes, como son:

Imagen y política.

La imagen juega un papel fundamental en esta rama, dado a lo que se podría reflejar con el aspecto físico o verbal de algún ponente en busca de alguna posición.  Si vemos una barba cerrada y desaliñada puede ser que denote un tanto de cualidades negativas acerca de la persona, tales como maldad, suciedad e irresponsabilidad, lo que demerita algún talento político que la persona en cuestión pueda llegar a tener, llegando a hacernos creer que no es digno de confianza.

Imagen y empresa.

Es la que se construye con la acumulación de detalles, por más pequeños u sencillos que éstos sean, que den la percepción de seguridad, confianza, eficiencia y más aún: presencia.

Por ello, no debemos hacer caso omiso al poder de la imagen, pues es una gran herramienta que determinará el éxito o fracaso de quien la lleve a cuestas. Es indispensable considerarla desde el punto de vista estructural, pues abarca todos los ámbitos a los que podemos recurrir para modificar la percepción que los demás tienen de nosotros (como individuos o parte de una institución) y así producir el efecto deseado.

Aunado a esto, no debemos dejar de lado la competencia que crece cada vez más en este mundo inmerso en la globalización; donde muchos ofrecen lo mismo, pero que se diferencian entre ellos por ese valor agregado que le imprimen a lo que son o venden (productos, servicios o ideas). Es inevitable tener una imagen, por ello, debemos aprender a usarle a nuestro favor antes de que ella, por su indebido manejo, haga trizas de nosotros.

Hasta aquí pareciera un proceso sencillo que cualquiera podría manejar, sin embargo, es importante destacar lo imprescindible que es definir el rumbo a seguir y el propósito, en donde interfieren numerosas disciplinas que darán como resultado una imagen global; debe lograrse una armonía perfecta y real entre las diferentes imágenes por las que el receptor o el grupo meta pueda percibir, la sea la imagen física, profesional, verbal, visual, audiovisual o ambiental; pero lo más importante es seguir conservando la esencia de la persona, pues si carece este sustento no hará otra cosa más que enviar el mensaje erróneo y en consecuencia, el efecto no deseado. Lo anterior descarta el concept equívoco que se tiene de la imagen, cuando únicamente se le da importancia a lo visual o lo físico; la imagen es algo mucho más complejo.

Todo esto no quiere decir que la comunicación no verbal sustituya a la verbal ni nada por el estilo, pero es cierto que debe existir una coherencia entre lo que se dice, lo que se proyecta y lo que se hace; no solo hay que ser, hay que parecer.

Si quieres saber más, te invitamos a leer esta ponencia de Lorena Villalobos, publicada en el 2010 sobre cómo iba a influir la estrategia de imagen pública en la posible victoria de Enrique Peña Nieto, candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y Partido Verde Ecologista de México (PVEM) en las pasadas elecciones presidenciales del 1° de julio, en México, en el siguiente enlace:

http://www.universidadmundial.edu.mx/notas2010/noviembre/ponencias/PonenciaLorenaVillalobos.pdf

FUENTES DE INFORMACIÓN.

 

Gordoa, Víctor (2007) El poder de la Imagen Pública; Plan Maestro para inspirar confianza y ganar credibilidad. Ed. Edamex. Primera edición. México DF.

 

 

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