PIENSAN QUE LA TV EDUCA, LA CALLE NO

Amairani Rodríguez Herrera

Estudiante de Ciencias de la Comunicación

Universidad Cuauhtémoc Campus Querétaro

Un semáforo en rojo, niños haciendo malabares, el transporte público.

El puesto de periódicos con una nota de un decapitado en primera plana, la salida de la iglesia, “el mundo de los olvidados”.

Televisión, clic, antena, ruido, televisión, novela, noticiero, final de boda, caricaturas, deseo, realidades, fantasía, “educación”.

Una sociedad como la nuestra ha crecido imitando y llenando su cerebro, comportándose, actuando como lo visto en televisión.  En México hay dos frases que toman derecho: “Si lo vi en la TV es cierto”; todas estas palabras, han jugado con nuestra mente, formándonos como individuos y nuestra personalidad tal vez no debería de ser nuestra, sino el producto de los medios, con un poder que seduce, que tiene voluntad sobre el otro, un poder que corroe, pero que al final forma parte de mí.

¿Soy yo el reflejo?, ¿es la sociedad? Son los niños, es salir a la calle, es juzgar al pobre, tener el sentimiento de lástima, es recordarme en primera plana que somos criminales, que consumas propaganda disfrazada de “tv notas”, y todos los medios venden, ¿pero qué nos venden?.

Nos han vendido el sentimiento hogareño de ser ama de casa resignada, de creerte la princesa del cuento, de ser el hombre galán y con múltiples amoríos; nos vendieron a tu madre, a mi madre, a mi abuela, a mi padre; me vendieron a mí en la construcción de mi yo interno.

Y en cambio, si salgo a la calle, siempre salgo con miedo de caminar por ahí, los semáforos en rojo son para subir los vidrios cuando un lava vidrios a quien se me acerca; la iglesia es el templo de la mayor hipocresía, porque adentro todos se sienten hermanos, se dan fraternalmente la paz, pero afuera son incapaces de bajar la mirada y ver que ahí, que en el piso hay gente pidiendo dinero, vendiendo dulces, tal vez es porque el altísimo está arriba, sentado a la derecha y el pobre abajo, en la izquierda que nadie quiere.

 El respeto en la calle se gana, se disfraza de realidades, pobreza, habla con un lenguaje en paredes, manifiesto de un pueblo en descontento, producto de una educación que no se adquiere en un aula…

“Algún lugar, ahí sobre las vías de los olvidados”…

Annie Roha

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