Publicado en Cultura.

LAS INDUSTRIAS CULTURALES EN MÉXICO, UNA LEGISLACIÓN PENDIENTE.

Mtro. Israel Pérez Valencia.

PONENCIA PRESENTADA EN EL FORO ESTATAL DE ANÁLISIS SOBRE EL MARCO JURÍDICO DE LA CULTURA EN MÉXICO.

7 DE JULIO DE 2011

Resumen.

Con el paso de los años, las industrias culturales en México han logrado un poder muy importante en la opinión pública. Sin embargo la contribución al nivel cultural de la población llega a ser muy superficial porque no enfocan sus esfuerzos a rescatar bienes culturales que son fundamentales para conocer y valorar la identidad nacional. Por ello, resulta importante una legislación que regule los contenidos que en la materia difunden y explotan las industrias culturales de nuestro país.

Ponencia.

Sin duda, la iniciativa de analizar el marco jurídico sobre la cultura en México resultaba ser una necesidad inminente, en especial porque en nuestro país, el rubro cultural es el que resulta más recortado cuando se habla de presupuestos cada sexenio. De ahí que las cuestiones culturales hayan sido adoptadas por la iniciativa privada, la cual ha desarrollado una industria que ciertamente le genera grandes dividendos, pero al mismo tiempo, ha alterado, banalizado o hecho a un lado, aspectos que de la cultura mexicana resultan fundamentales.

Por ello, la revisión de las entidades gubernamentales hacia el papel de las industrias culturales, así como la revisión de sus contenidos es urgente y necesaria para rescatar elementos que en la cultura nos dan identidad como mexicanos en el marco de un mundo global.

¿A qué le llamamos cultura?

Si lo que se pretende es hablar de un marco jurídico acerca de la cultura en nuestro país, es necesario que a todos quede muy claro el término como tal, y es que haciendo una revisión de la legislación que a la cultura se refiere, en ocasiones no existe la claridad o una definición que la contextualice adecuadamente. Basta con revisar desde el artículo cuarto constitucional que habla de que todos los mexicanos tenemos el derecho a acceder a la cultura, así como disfrutar de los bienes y servicios que presta el Estado en la materia, e incluso, defiende el ejercicio de los derechos culturales.

Pero ¿Qué es la cultura? ¿Cómo se ejercen los derechos culturales de los individuos?

En su definición más elemental, la cultura es el conjunto de símbolos, es decir, valores, normas, actitudes, creencias, idiomas, costumbres, ritos, hábitos, capacidades, educación, moral, arte, entre otros; que junto con objetos como la vestimenta, vivienda y demás productos, son aprendidos, compartidos y transmitidos de una generación a otra en una sociedad. El elemento que da etiqueta de cultural a lo realizado por el hombre es sin duda, la trascendencia, pues es lo que la hace generacionalmente transmisible. Por ejemplo, el comer como mero acto de alimentación no es cultura, pero el de hacerlo sentado a la mesa, el uso de cubiertos y la gastronomía sí lo son.

Por nuestro origen e historia, tenemos una gran riqueza cultural que sin duda le da a nuestro país una identidad reconocida en todo el mundo.  México es un crisol donde se funden razas, idiomas y pensamientos, que junto con sus condiciones climatológicas y territoriales hacen que la cultura mexicana sea de las más ricas e importantes del planeta. No por nada tantas ciudades de nuestro país son consideradas Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Organización de la Naciones Unidad para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

La Cultura de Masas.

La transmisión de los bienes culturales se realizó en un principio de manera generacional y muy regionalizada. Con la llegada de la Revolución Industrial arribaron también los medios de comunicación masiva, que para su funcionamiento eficaz adquirieron los bienes culturales de su alrededor para poder transmitirlos a grandes auditorios, de ahí nace la llamada Cultura de Masas, analizada por importantes teóricos como Umberto Eco (1965), y que se define como el conjunto de objetos culturales, y de prácticas que le son asociadas sin importar de qué medio de comunicación se trate, que tienen como destino a un gran público heterogéneo y que da paso a lo que se conoce como Industria Cultural, es decir los objetos culturales producidos de manera masiva.

Ahora bien ¿los bienes culturales fueron recogidos y transmitidos de manera pura por los medios masivos de comunicación cuando se hizo el proceso de transformación a la Cultura de Masas? De ninguna manera, y la razón principal fue que los medios como tales son empresas, que a través del proceso de industrialización de la cultura han buscado desde siempre obtener un beneficio económico a través de las audiencias o los patrocinios por la transmisión de estos bienes a grandes auditorios.

Los medios colocaron a los bienes culturales al alcance de sus espectadores, radioescuchas y lectores, adecuando el contenido muchas veces, al “nivel” del receptor, esto es, haciendo que la asimilación sea más simple e incluso superficial. Este proceso de “adaptación” de los contenidos, se traduce en una modificación del campo cultural, en el que pierde muchas cualidades de su esencia. De ahí que los bienes culturales transmitidos en los medios de comunicación sean antropológicamente cuestionables en muchos sentidos al no estar apegados a su complejidad natural.

Por ejemplo, todos los clichés por los que se conoce a los mexicanos son una recolección de objetos culturales de diferentes orígenes, que mezclados e interpretados por el medio de comunicación dan como resultado al “típico mexicano”: envalentonado, vestido de charro, borracho y mujeriego que tantas veces vimos en la cinematografía nacional y que nos dieron una idea superflua de  la cultura mexicana de la época de los 40´s donde nos presentaban dos Méxicos básicamente: el citadino con sus diferencias sociales encontradas y el del rancho, donde a través del caballo y la botella se podía enamorar a las damiselas del pueblo. Se fue dando así el nacimiento de la llamada Cultura Popular, tan vasta y tan ambigua que actualmente encierra desde un álbum de música típica regional hasta el último disco de Paulina Rubio.

En este contexto,  el sociólogo Juan González-Anleo (1996), afirmaba que siguiendo la lógica del máximo consumo, el producto cultural es sometido a una serie muy cuidada de manipulaciones para hacerlo asequible y atractivo para el público universal. Estas manipulaciones son fundamentalmente tres: el eclecticismo, que inyecta a las revistas, películas, programas de radio y TV, una sabia y estudiada mezcla de espiritualidad y erotismo, religión y deporte, humor, política, agresividad y romanticismo; la homogeneización, es decir, la adopción de un estilo standard, de unas formas simples y directas, bajo un denominador común y primario, apto para ser asimilado por el hombre medio y el sincretismo, que pretende confundir lo imaginario con lo real.

 

La intervención del Estado en la Industria Cultural.

Desde su nacimiento, los medios de comunicación en México no tuvieron una regulación importante sino hasta veinte años después, en 1960, cuando el presidente Adolfo López Mateos promulgó la Ley Federal de Radio y Televisión.

Como contrapeso al enorme poder que tenían los medios masivos en la opinión pública y que se estaban convirtiendo incluso en un instrumento de manipulación social, nacen los medios estatales y los reglamentos que regulaban a los medios y su papel en la sociedad. En el caso de México, la Ley Federal de Radio y Televisión, planteaba las funciones de los medios de comunicación en lo que a la cultura se refiere en los siguientes artículos:

 

Artículo 5° Ley Federal de Radio y Televisión.

La radio y la televisión tienen la función social de contribuir al fortalecimiento de la integración nacional y el mejoramiento de las formas de convivencia humana. Al efecto, a través de sus transmisiones, procurarán:

Afirmar el respeto a los principios de la moral social, la dignidad humana y los vínculos familiares.

Evitar influencias nocivas o perturbadoras al desarrollo armónico de la niñez y la juventud;

Contribuir a elevar el nivel cultural del pueblo y a conservar las características nacionales, las costumbres del país y sus tradiciones, la propiedad del idioma y a exaltar los valores de la nacionalidad mexicana.

Fortalecer las convicciones democráticas, la unidad nacional, la amistad y cooperación internacionales.

 

Artículo 59-Bis. Ley Federal de Radio y Televisión.

La programación general dirigida a la población infantil que transmitan las estaciones de radio y televisión deberá:

Propiciar el desarrollo armónico de la niñez.

Estimular la creatividad, la integración familiar y la solidaridad humana.

Procurar la comprensión de los valores nacionales y el conocimiento de la comunidad internacional.

Promover el interés científico, artístico y social de los niños.

Propiciar diversión y coadyuvar el proceso formativo de la infancia.

Artículo 77. Ley Federal de Radio y Televisión.

 Las transmisiones de radio y televisión, como medio de orientación para la población del país, incluirán en su programación diaria información sobre acontecimientos de carácter político, social, cultural, deportivo y otros asuntos de interés general nacionales e internacionales.

Sin embargo, a través de los años la Ley Federal de Radio y Televisión no ha cumplido del todo la función para la que fue redactada, y resulta más que evidente para todos los que se han expuesto a los medios de comunicación. Parte del problema es que en cuestiones de cultura los medios no son sus principales promotores, y no resaltan los valores y costumbres nacionales a menos que se acerque una fecha en la que sea conveniente hacerlo, como las fiestas patrias. Los programas dedicados a la cultura se exhiben en horarios de poca audiencia y sus contenidos suelen caer más en cuestiones políticas que en valores y costumbres nacionales.

La participación del Estado en la difusión de bienes culturales.

En lo referente a los medios estatales y universitarios es evidente que se hacen importantes esfuerzos para rescatar los bienes culturales del país. Desde Radio UNAM, el canal 22 de televisión y las diferentes estaciones de radio y televisión a nivel estados, se palpa la diversidad de expresiones artísticas, así como la investigación constante por parte de grandes intelectuales en cuestiones como las tradiciones, costumbres y gastronomía de las diferentes comunidades de nuestro país.

Sin embargo, las estaciones estatales tienen serias limitaciones que no les permiten cumplir con su objetivo de la difusión de los bienes culturales, en aspectos como:

Presupuesto: El hecho de carecer de recursos limita su labor, pues suelen ser estaciones de corto alcance y muy regionalizadas.

Recursos creativos: Por desgracia, las estaciones culturales viven con el estigma de ser los dueños exclusivos de las expresiones culturales y las llamadas bellas artes que no requieren más que proyectarse, pues la gente “culta” las sabrá apreciar por sí mismas. Eso ha hecho que haga a un lado aspectos creativos de producción que podrían ayudar a que los bienes culturales pudieran resultar interesantes para la población, sin que tengan que hacerles alteración alguna, además de quitarle la molesta y exclusiva etiqueta de “gente culta” a su audiencia, pues no se trata de satisfacer a un público privilegiado, sino a toda la población. En ese sentido la llamada “Vulgarización de la Cultura” no tiene que ser una aberración, sino una necesidad en este tipo de medios de comunicación.

Propuestas a nivel legislativo en materia de cultura para las Industrias Culturales.

El gran reto que se tiene a nivel legislativo cuando se habla de industrias culturales es la ambigüedad. En el caso de la Ley Federal de Radio y Televisión se solicita a los medios de comunicación contribuir a elevar el nivel cultural del pueblo, conservar las características nacionales, las costumbres del país y sus tradiciones, la propiedad del idioma y a exaltar los valores de la nacionalidad mexicana; el problema radica en que existen bienes culturales que por su poca difusión y explotación están desapareciendo y que resultan muy valiosos en la identidad de nuestro país. Hay que ser más específicos sobre qué costumbres, tradiciones y valores nacionales es importante rescatar y promover en las industrias culturales  para aprovechar al máximo sus características de difusión y audiencia.

Por otra parte, resulta obligado hablar de más presupuesto para los medios estatales y universitarios, con esto se podría hacer más labor de investigación y rescatar etnias, lugares, tradiciones y lenguas que son parte de la identidad regional. Resulta lamentable el ver que la gente no conozca los bienes culturales del lugar donde nació y de donde son sus antepasados, por lo que los esfuerzos de las estaciones estatales y universitarias deben dirigirse a “regionalizar” la cultura y difundirla en la población, mostrar al ciudadano del lugar lo más valioso de sus bienes culturales para que los conozca y  los pueda difundir también.

Como se ve, no es necesario rehacer el marco legal en lo referente a la cultura en México, sino más bien hacerlo más específico. Hay que reconocer que las industrias culturales sí han hecho esfuerzos por la difusión de la cultura que resultan importantes, desde programas realizados por reconocidos historiadores que analizan los aspectos más importantes de nuestra historia, hasta la difusión de valores familiares y fomentar en los jóvenes una cultura empresarial que a la larga puede generar empleos y crecimiento económico; sin embargo, existen bienes culturales que bien pueden ser difundidos para su revaloración que no han podido  o no han querido difundir por diversas razones. Es ahí donde un marco legal específico puede coadyuvar en este esfuerzo por rescatar bienes culturales de nuestro país antes de que desaparezcan por un mero desconocimiento e ignorancia de los propios mexicanos.

 

 

Fuentes de información.

 

  • Eco, Umberto (1965) Apocalípticos e Integrados. Ed. Berumen. Barcelona, España.
  • Gonzalez-Anleo, Juan (1996) Para comprender la sociología. Ed. Verbo Divino. Navarra, España.
  • Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Página de Internet de la Cámara de Diputados H. Congreso de la Unión.

Dirección: http://www.cddhcu.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/1.pdf

Fecha de consulta: 24 de junio de 2010.

  • Ley Federal de Radio y Televisión. Página de Internet del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)

Dirección: http://info4.juridicas.unam.mx/ijure/fed/133/default.htm?s=

Fecha de consulta: 24 de junio de 2010.

Publicado en Educación

Artículo.

La expresión a través de redes sociales: caso del facebook en adolescentes de secundaria.

 

M.C. Belzabeth Tovar Luna

 

Estudiante de la Maestría en Ciencias dela Educación. Coordinadora del departamento de Simulación Clínica, y Coordinadora de la Licenciatura de Terapia de audición y Lenguaje. UVM Campus Querétaro.

La adolescencia  es una etapa  que dentro de la sociedad tiene ciertas características; en forma coloquial se dice que el adolescente “adolece” de muchas cosas. Sin embargo, en la mayoría de las veces en lugar de ayudarlos son sus problemas, los aíslan como grupos e incluso de su misma familia se mantienen distanciados.

Piaget (1981) menciona: “la adolescencia es simplemente una crisis pasajera que separa a la infancia de la edad adulta, y se  debe a la pubertad.” Por consiguiente esta etapa esta en una situación intermedia , en donde además de esta situación social; esta contrastada por cambios en la sexualidad, cambios que originan desequilibrios emocionales, hormonales y afectivas. E incluso en ocasiones los problemas psicológicos se socavan originando afecciones en la salud del adolescente.

Otra característica propia de esta etapa es el egocentrismo intelectual , el cual se traduce en egoísmo, ingratitud, comodidad  y rebeldía para con su entorno. El adolescente se sitúa al igual  que los adultos, quiere sobrepasarlos, sorprenderles y transformar el mundo (Piaget,1981:102),  ante esta circunstancia, el mundo adulto intenta modificar las conductas de los jóvenes, imponer reglas con el objetivo de intentar facilitarles el acceso a estos jóvenes a una vida adulta.

Sin embargo, el adolescente se siente agregedido y en su postura de transformar el mundo  hay una crisis de adaptación,  y de desequilibrio ante el mundo normativo. Por lo que busca agruparse con otros adolescentes con pensamientos similares y con una búsqueda permanente de lograr lo que se plantean; convirtiendo al grupo de amigos en un grupo de apoyo,  dando origen a diversas relaciones sociales, estos grupos tienen una necesidad social, buscan apoyo, comunicación, liberar sus tensiones. Además, buscan identificarse con su grupo y lo hacen a través de la vestimenta, música, arte entre otros.

En la actualidad estas relaciones sociales se han visto influenciadas por los avances tecnológicos y científicos, los cuales han venido a revolucionar la comunicación entre los jóvenes, suscitando el uso de toda tecnología digital existente para lograr su interacción social.

Los adolescentes en la actualidad tienen acceso a un sinfín de aparatos digitales que producen nuevas modalidades de mensajería instantánea, un lenguaje  y simbología propias de esta nueva forma de comunicarse. Crean un ambiente ubicuo, donde la interacción y proceso de información originan una brecha generacional y de habilidades tecnológicas entre adultos y adolescentes  y nuevas formas de interacción social (Balardini,2009).

Esta nueva interacción social se da a través de las redes sociales, la cual según Belardi (2009) define como “como un proceso  de construcción permanente tanto individual como colectivo”. Dentro de una red social el intercambio es dinámico, origina múltiples relaciones y la socialización traspasa incluso fronteras.

A través de un red  se forma el denominado ciberespacio (Balager, 2007) el cual es un espacio cognitivo y psicosocial, pero el uso principal es el correo electrónico y el chat.

Los adolescentes una vez que ingresan a una red, desarrollan perfiles; los cuales son propios y marcan la personalidad de cada joven, y por otro lado este espacio le permite discriminar a quien acepta y a quien no en su grupo de contactos.

Pareciera que a mayor número de contactos más sociable se es, y por otra parte se ha convertido en una comunicación  que origina un aislamiento social, no hay interacción entre las personas. El adolescente  usa la red por ocio y para información.

Dentro de estas redes, se encuentra el Facebook, que es una herramienta social que pone en contacto a amigos, y otras personas del entorno del adolescente (Balardini, 2009).

Por otra parte las redes han creado una dinámica cotidiana, con implicaciones sociales, psicológicas e incluso culturales. Es por ello que se han convertido estas redes sociales en objeto de estudio, por el alto contenido de la información que se maneja en este espacio.

Turbo (2008), menciona que estas redes han dado origen a la Netnografía, la cual se deriva de la etnografía y por ello permite el estudio de aspectos sociológicos de los adolescentes en la red.

El análisis de las interacciones en la red, de costumbres y prácticas vitales, análisis de contenido, se plantean desde un marco interpretativo.

El marco referencial para el estudio de las interacciones  afectivas de los adolescentes en la red facebook, se basa  en el interaccionismo simbólico, cuyo paradigma se basa en lo socio – psicológico. 

Las redes sociales en la actualidad son la esfera social donde los adolescentes se desenvuelven y complementan sus relaciones sociales, sin embargo es conveniente conocer que tipo  expresiones tienen los adolescentes para que esta red social pueda ser un medio para detectar algún problema emocional o incluso psicológico que tenga el adolescente. Sin embargo este medio social todavía tiene barreras de uso con los adultos y puede ser un punto de discrepancia entre adolescentes.

Se requiere involucrarse en la vida de los adolescentes para poder entenderlos un poco más, poder encontrar una manera mas atractiva de enseñar y lograr un aprendizaje en ellos. Una vez que conozcamos sus gustos e inclinaciones se podrá entonces lograr una interacción emocional y afectiva con este grupo tan controversial que una vez que se lograr esta conexión todo fluye espontáneamente.

 

Referencias

Alvarez-Gayou Jurgenson J.L. (2007) Cómo hacer investigación cualitativa. México: Paidos Edicardor.

Oliva Delgado A. (2007) Adolescencia en lo positivo. Apuntes de psicología. Vol.25. Núm. 3

Piaget, J.(1981) Seis Estudios de Psicología. Barcelona, España: Planeta.

Saura A.; Sardelich M. (2010) Interterritorialidades en la Web 2.0. Posibilidades en la formación de la educación continua del maestro de educación artística en el contexto latinoamericano. Revista Iberoamericana de Educación.No.4742. Octubre

Turbo Gebera ,O.W. (2008) La netnografìa: un método de investigación en internet. En Revista Iberoamericana de Educación. No. 4742. Octubre. P.2-10.

Uresti M.(2008) Ciberculturas juveniles. Los jóvenes, sus prácticas y sus representaciones en la era del internet. Revista Argentina de sociología. Año 6. No. 11

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Artículo de opinión.

 

Formación ética y social para universitarios, una necesidad en la educación superior en México

 

Mtro. Israel Pérez Valencia

 

La vida moderna, basada en el individualismo a nivel profesional requiere la recuperación de la ética y los valores sociales en la educación superior.
 
 

Sin duda, son muchos los problemas que aquejan a la educación superior en México. Sería cuestión de varias tesis el explicar la naturaleza de cada uno de ellos y la relación que tienen entre sí.

Sin embargo, uno de los que pueden tener mayores repercusiones a futuro es la falta de una efectiva formación ético-social en los estudiantes de educación superior. Resulta indispensable revisar cuál ha sido el papel de la universidad ante un mundo que ofrece un panorama donde aspectos como la ética y los valores universales no tienen cabida.

Antecedentes de la educación superior en México

A principios de los años setenta, México sufrió una transformación en lo que a la educación se refiere. El aumento de la matrícula estudiantil hizo que los presupuestos gubernamentales resultaran insuficientes, y si a eso se le agrega la falta de voluntad política por parte del Gobierno, el problema se agudizó.

En los ochenta, ante la grave crisis económica, el Gobierno dio comienzo a una política de apertura de fronteras, así llegaron a México grandes inversiones y numerosos complejos industriales de diversas partes del mundo. Sin embargo, el país no pudo superar los niveles de pobreza, marginación y la falta de desarrollo.

Nuevos paradigmas en la educación superior en México.

 Este panorama tan complicado tenía que impactar en la educación superior, las políticas gubernamentales reorientaron la planeación curricular junto con los representantes del sector productivo, comenzaron a surgir nuevas opciones educativas y la creación de escuelas tecnológicas. El cambio de paradigmas también cambió la concepción del mundo del estudiante universitario, que hizo a un lado el concepto de “la carrera para toda la vida” y los ideales políticos de cambio surgidos en los años sesenta, incorporando nuevas palabras a su lenguaje profesional, como son utilidad, pragmatismo, rentabilidad, eficacia, competencia, consumo y domesticación.

Manuel Pérez Rocha, quien fuera el primer rector de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), consideraba, desde principios del año 2000, que resultaba fundamental quitarle a la educación esa “valorización” basada únicamente en los intereses mercantiles, como se plantea en los organismos internacionales y argumentaba que “El individualismo prevalece sobre el bien común, y la norma de vida es para obtener el beneficio inmediato, personal, de un título que lo ayude a ser productivo sólo para sí mismo ¿Y los valores sociales?”

 

 La ética, una carencia profesional en los universitarios.

 La falta de una formación ética y social en el estudiante universitario es una cuestión a la que hay que ponerle especial atención. Las funciones de la universidad son, entre otras, la docencia, investigación y la extensión, además de la difusión de la cultura, manifestadas en la misión de cada una de las instituciones. Sin embargo, la vida moderna ha hecho a un lado esas premisas básicas, reduciendo aspectos como la ética y los valores a un par de materias en los programas escolares, que el estudiante considera “de relleno”; o a través de un “servicio social”, que el universitario puede liberar archivando papeles en la oficina de una empresa.

¿Y la sociedad? Pablo Latapí planteaba que si siempre se ha esperado de las universidades una función educativa en el orden de los valores -que hoy, elegantemente, se denomina conciencia crítica-, también debería exigirse de sus estudiantes, docentes, investigadores y administradores, actitudes coherentes con esta función.

 El docente es un transmisor de conocimientos y formador de personas.

 

Para que esto sea posible, se requieren dos condiciones: que el docente se convenza de que su misión no es únicamente ser un facilitador del conocimiento, sino también un formador; y la segunda es que el docente se prepare en esos ámbitos de la formación integral del universitario, pues no basta “informar” a la inteligencia, es preciso también “formar” la voluntad de los estudiantes. Puede resultar contraproducente para la formación del universitario el brindarle conocimientos “de avanzada” sin hacerlo reflexionar de las implicaciones que tiene el conocer esa información, es decir no hacerlo consciente de la responsabilidad que adquiere con ese conocimiento.

¿Cómo impulsar este reto de recuperar las bases éticas y sociales en las universidades?

 

Hay que partir de cuatro puntos:

  1. Devolver al servicio social la dignidad para lo que fue creado, que el estudiante emplee sus conocimientos donde más se necesiten.
  2. El servicio social debe estar contemplado en los procesos de renovación de conocimientos que cada egresado debe hacer para refrendar y conservar el título universitario.
  3. Incluir las implicaciones éticas y sociales que tiene cada asignatura en los programas de estudio.
  4. Agregar en el currículo de las escuelas tecnológicas la formación ética y social, es precisamente en esas áreas de conocimiento donde se es más susceptible a la automatización.

La formación integral de los universitarios asegura en el futuro líderes con bases morales sólidas y mejor preparados para la toma de decisiones que harán en el futuro. De ahí la urgencia de poner la atención necesaria.

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Artículo de opinión.

 

 

EFECTOS DE LA GLOBALIZACIÓN EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR .

 

Ing. Rosalia Grados Zamorano.

 

De acuerdo a las tendencias de la educación, encontramos que las nuevas formas de producción y transmisión del conocimiento parecen estar imponiendo cambios sustantivos a las universidades y al trabajo académico.

 

Este último cuarto de siglo ha estado marcado por constantes descubrimientos y progresos científicos; sin embargo, en el plano económico y social los avances no han sido significativos; el aumento del desempleo y los fenómenos de exclusión, las desigualdades, la degradación del ambiente natural, los valores cívicos y el respeto a la condición humana, son aspectos que parecen no ser relevantes en la formación de las nuevas generaciones.

Existe hoy en día un escenario mundial donde, lo deseemos o no, la interdependencia global impuesta por la apertura de las fronteras económicas y financieras bajo la presión de las teorías librecambistas y fortalecida con la instrumentalización de nuevas tecnologías de información en los planos económico, científico, cultural y político, han llevado a una globalización de las relaciones internacionales que encierra promesas, pero que ha transformado al mundo en algo difícil de descifrar y todavía más aún de predecir, donde hay un clima de incertidumbre.

Se ha generado a nivel mundial una sociedad dual, cada vez más desigual entre las naciones y al interior de éstas. La universidad contemporánea debe reconocer y actuar en consecuencia con la diversificación de las sociedades en el mundo. Debe analizar la diversidad cada vez más multicultural; las características de la masificación; las estructuras de comunicación e información; la incorporación de tecnologías en la vida cotidiana; la reducción de la distancia entre lo público y lo privado; el acceso de los ciudadanos a formas distintas de búsqueda del conocimiento; las nuevas dimensiones del trabajo basadas en la capacidad de iniciativa personal y colectiva, y la corresponsabilidad de las decisiones; la interdisciplinariedad de los puestos de trabajo; la movilidad permanente de los perfiles profesionales; la movilidad geográfica y cultural, y la sociedad actual, que se mueve por la incertidumbre y la complejidad.

De acuerdo a las tendencias de la educación, encontramos que las nuevas formas de producción y transmisión del conocimiento parecen estar imponiendo cambios sustantivos a las universidades y al trabajo académico. Dichos cambios implican la modificación de la naturaleza, contenido y organización del trabajo que en ellas se desarrolla, estableciéndose una influencia externa que antes estaba en manos de las instituciones y los académicos. Además supone la operación de nuevas formas de medir su eficiencia.

Para Ibarra (2005), las pautas de la transformación de las universidades en los países del mundo desarrollado se debe a factores como la globalización de los mercados, la modernización de los sistemas productivos y la reforma de las organizaciones empresariales, e invita a reflexionar sobre la transformación universitaria en México, a fin de interpretar su sentido y entender su orientación.

La idea en el sentido amplio de la función de la universidad, ya sea pública o privada, debería centrase en cómo establecer las condiciones para enfrentar los grandes retos sociales actuales, como son: el cambio socioeconómico, la eliminación de la pobreza, la protección del medio ambiente y el respeto a los derechos humanos universales; reconocerlos desde un punto de vista nacional, profundamente social y basado en valores éticos del humanismo, arraigado en representaciones culturales que nos brinden identidad y nos permitan participar, con una nueva perspectiva, en la construcción de un mundo mejor.

La crisis institucional puede evitarse impidiendo que la universidad se transforme en un servicio al que se tiene acceso por la vía del consumo y no de la ciudadanía. En este marco, la universidad debería convertirse en algo nacional, en productora de equidad y no en reproductora de desigualdad, y en lo internacional, lograr el estado del arte en sus disciplinas mediante una reinserción no dependiente, en contextos de producción y distribución del conocimiento, cada vez más polarizados y contradictorios.

En conclusión, todas las universidades, sean públicas o privadas, deberían compartir una clara vocación de servicio público y hacia la sociedad. El Estado debe velar para que esto ocurra, con el fin de impedir que existan las universidades “de servicio privado”, no privadas o las que carecen de calidad, como ocurre en especial en los países en desarrollo. Podemos decir que la autonomía de la universidad no puede eludir su compromiso social y, por tanto, la obligación de rendir cuentas a la sociedad.

Fuentes de información:

Ibarra E., Montaño L (1992) mito y poder en las organizaciones, un análisis critico de la teoría de la organización. México: Editorial Trillas.

Ibarra E., (2005) Origen de la empresalizaciòn de la Universidad: El pasado de la gestión de los negocios en el presente manejo de la universidad, Revista de Educación superior XXXIV (134); 13-37 Abril – Junio de 2005